La Cámara Nacional de la Industria de Vivienda (CANADEVI) lanzó una advertencia clara: el crecimiento habitacional en Cancún, que proyecta 65 mil nuevas viviendas en los próximos tres años, se enfrenta a una crisis de infraestructura eléctrica que limita su avance. Leonardo Garrido, presidente del organismo, señaló que la insuficiente inversión en este rubro, acumulada durante los últimos siete u ocho años, se traduce en apagones frecuentes y restricciones para autorizar nuevos desarrollos. Esta advertencia pone el foco en una falla de planeación que trasciende ciclos administrativos.
El problema no es menor. Cancún se consolida como el principal polo de desarrollo inmobiliario de Quintana Roo, con una actividad concentrada en corredores como la avenida Huayacán y la zona aledaña al aeropuerto. Sin embargo, este dinamismo choca con una red eléctrica que no ha crecido a la par. La crisis de infraestructura descrita por el sector privado evidencia una desconexión peligrosa entre la permisividad para construir y la capacidad del Estado para dotar de servicios básicos a las nuevas comunidades.
Una responsabilidad compartida que requiere coordinación urgente
CANADEVI subrayó que, si bien se espera cumplir las metas de financiamiento con créditos del Infonavit y la banca, es imperativo reforzar la coordinación entre autoridades y empresas de servicios. La mención a la necesidad de “infraestructura suficiente en electricidad, agua potable y drenaje” es un reproche directo a la gestión urbana de los gobiernos municipal y estatal. La crisis de infraestructura no es un tema nuevo; es el resultado de una planeación cortoplacista que priorizó el crecimiento numérico sobre la sostenibilidad y calidad de vida.
La pregunta que deja esta advertencia sobre la mesa es: ¿qué están haciendo concretamente el Ayuntamiento de Benito Juárez y el Gobierno del Estado para resolver este cuello de botella? Sin una respuesta contundente y una inversión acelerada, el modelo de desarrollo de Cancún podría llegar a un punto de quiebre, donde la falta de servicios básicos no solo frene a los constructores, sino que degrade severamente la calidad de vida de los miles de familias que ya habitan en estas zonas en expansión.







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