Crisis del agua Quintana Roo: consumo, fugas y contaminación del acuífero
Turismo, ecología y miles de familias están en peligro por la sobreexplotación, la contaminación y una infraestructura colapsada. Expertos alertan que el estado consume el doble de agua que el promedio nacional mientras su acuífero se degrada.
CANCÚN, Quintana Roo. — Bajo la imagen idílica de aguas turquesas y cenotes cristalinos, Quintana Roo enfrenta una emergencia hídrica de dimensiones críticas. La paradoja es alarmante: el estado que simboliza para el mundo la riqueza acuática de México está agotando y contaminando su principal fuente de vida a un ritmo insostenible. Datos oficiales y estudios especializados revelan un consumo excesivo, una infraestructura obsoleta con fugas masivas y una creciente contaminación del manto freático, poniendo en riesgo su economía turística, sus ecosistemas únicos y el derecho al agua de su población.

Durante una reciente emisión del programa “Rendija de Luz”, conducido por Graciela Saldaña, el diputado local Ricardo Velazco Rodríguez encendió las alarmas:
“Vivimos del agua: de los mares, los cenotes y los ríos subterráneos. Es nuestro principal atractivo turístico y lo estamos poniendo en riesgo”.
Su advertencia resume un triple problema que expertos llevan años documentando: consumo desmedido, contaminación creciente y un sistema de distribución que pierde más agua de la que distribuye eficientemente.

Consumo Desbordado: El Doble de la Media Nacional
La estadística es contundente. Mientras que el promedio de consumo de agua por persona en México es de aproximadamente 366 litros diarios (cifra que ya supera la media internacional), en Quintana Roo esta cantidad se dispara. Según estudios de la asociación civil Centinelas del Agua, el consumo promedio en el estado es de 300 litros por habitante al día, el doble de la media nacional de 150 litros. Otras estimaciones, como las de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), sitúan esta cifra incluso en 380 litros diarios por quintanarroense.
Este derroche tiene un motor principal: la industria turística. Aunque algunos hoteles con tecnología de punta han logrado reducir su consumo a niveles responsables, la falta de estandarización en el sector mantiene una presión constante sobre el acuífero. El crecimiento poblacional explosivo de ciudades como Cancún, Playa del Carmen y Tulum ha superado con creces la capacidad de inversión en infraestructura hídrica, creando un círculo vicioso de extracción y desperdicio.

Infraestructura en Crisis: Fugas, Corrupción y Contaminación
El problema no termina en el grifo. El diputado Velazco Rodríguez denunció que hasta el 50% del agua potable extraída se pierde por fugas en la red de distribución, una cifra que coincide con las advertencias de organizaciones civiles sobre tuberías antiguas y mal mantenidas. Estas pérdidas millonarias no solo desperdician el recurso, sino que encarecen el servicio para el usuario final.
La crisis de gestión llega a niveles de escándalo en instituciones como la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado (CAPA) en Chetumal, investigada por presuntos desvíos millonarios de recursos. Al mismo tiempo, su planta de tratamiento “Centenario”, diseñada para 150,000 habitantes pero que hoy sirve a más de 200,000, está rebasada. Ambientalistas denuncian que esta saturación está provocando la contaminación del humedal de La Sabana, un cuerpo de agua vital, con aguas negras y detonando un proceso de eutrofización que daña la biodiversidad y amenaza la salud pública.
La contaminación es, quizás, la amenaza más silenciosa y peligrosa. El suelo kárstico de la península es extremadamente poroso, lo que permite que contaminantes se filtren rápidamente al acuífero. Estudios han encontrado altísimos niveles de coliformes fecales y nutrientes en pozos de monitoreo, especialmente en zonas como Playa del Carmen, donde se han detectado concentraciones “por encima de los límites de detección”. Investigaciones recientes también han identificado contaminación por coliformes en más de un centenar de cenotes monitorizados en el estado. Esta polución no solo degrada el agua para consumo, sino que amenaza directamente los arrecifes de coral y el famoso color del mar Caribe, base de la economía regional.

Un Llamado a la Acción: Conciencia, Inversión y Política Pública
Frente a este panorama, las voces de alarma exigen un cambio de rumbo inmediato. El diputado Velazco Rodríguez y organizaciones como Centinelas del Agua proponen un paquete de acciones urgentes:
Educación ambiental obligatoria: Reincorporar la materia en los planes de estudio básicos e impulsar programas permanentes de concientización.
Inversión prioritaria en infraestructura: Modernizar y renovar la red hidráulica para reducir fugas y mejorar la eficiencia.
Políticas públicas firmes: Sancionar el desperdicio y garantizar que nuevos desarrollos inmobiliarios cuenten con estudios de impacto ambiental y factibilidad hídrica reales.
Cultura del agua: Fomentar desde lo individual el uso responsable, la reparación de fugas domésticas y el apoyo a tecnologías de ahorro.
La solución también requiere aprender de modelos internacionales. ONU-Hábitat promueve conceptos como la “ciudad esponja”, que utiliza infraestructura verde para recargar acuíferos, y la reutilización segura de aguas tratadas, medidas que podrían ser clave para la península.
El mensaje es claro: la abundancia en Quintana Roo es una percepción, no una garantía. El acuífero que sustenta su milagro económico tiene un límite. Como concluyó Alejandro López Tamayo de Centinelas del Agua, “la presión actual sobre el manto acuífero está alcanzando un punto de no retorno”. El futuro turístico, ecológico y social del estado depende de que esa advertencia sea escuchada hoy.








Puedes ser el primero en comentar este post