Juicio a Maduro: Se declara inocente y reclama ser “presidente secuestrado” en corte de NY
En un tribunal de Nueva York, Nicolás Maduro inició formalmente su defensa contra los cargos de narcoterrorismo que podrían llevarlo a cadena perpetua. El exmandatario se declaró inocente y, en un acto de desafío, afirmó ante el juez ser el “presidente de Venezuela” y un “prisionero de guerra” secuestrado. Esta audiencia marca el inicio de un juicio a Maduro que no solo es penal, sino también un pulso geopolítico sobre la soberanía y el derecho internacional.
Vestido con un uniforme azul de prisión, Maduro compareció ante el juez Alvin Hellerstein en el Distrito Sur de Nueva York. Cuando se le preguntó su nombre, respondió en español:
“Soy Nicolás Maduro Moro, presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Fui secuestrado en una intervención militar de Estados Unidos”. Aunque el magistrado lo interrumpió para centrarse en los cargos, Maduro insistió: “No soy culpable. Soy un hombre decente y sigo siendo el presidente de mi país”. Su esposa, Cilia Flores, también se declaró “completamente inocente”.

Una estrategia de defensa que desafía la jurisdicción
El abogado defensor de Maduro, Barry Pollack, anunció que impugnará la “legalidad de su secuestro militar”. Pollack, conocido por defender a Julian Assange, argumentará que Maduro, como jefe de un estado soberano, goza de inmunidad. Este es un punto crucial, ya que Estados Unidos no reconoce a Maduro como presidente legítimo desde su controversial reelección en 2024. Su defensa tratará de revertir lo que califican como una “abducción”.
La acusación, presentada originalmente en 2020 y actualizada, incluye cuatro cargos graves:
Conspiración para cometer narcoterrorismo.
Conspiración para importar cocaína a Estados Unidos.
Posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos.
Conspiración para poseer armas en apoyo a actividades criminales.
Los fiscales alegan que Maduro lideró una red que durante décadas utilizó el aparato del Estado para traficar cientos de toneladas de cocaína en alianza con grupos como las FARC, el Tren de Aragua y carteles mexicanos. Flores enfrenta tres de estos cargos, vinculados a presunto apoyo logístico y financiero.
Un país dividido y un futuro incierto
Mientras el juicio a Maduro avanza en los tribunales, la crisis política se profundiza en Venezuela. Su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, fue juramentada como “presidenta encargada”. En un tono inicialmente conciliador, Rodríguez se ha abierto a la cooperación con Estados Unidos, aunque reivindica la soberanía de su país. Paralelamente, el gobierno de Maduro decretó un “Estado de Conmoción Exterior” que ordena la captura de cualquier persona que apoye la intervención estadounidense.
La reacción internacional ha sido de profunda división. Gobiernos como los de Cuba, Rusia y Brasil condenaron la operación militar como una violación grave del derecho internacional. En contraste, la diáspora venezolana en ciudades como Santiago, Buenos Aires y Nueva York celebró la captura con la esperanza de un cambio. En las afueras del tribunal de Manhattan, un hombre le gritó a Maduro: “¡Vas a pagar en nombre de todo el pueblo venezolano!”, mientras otros grupos se manifestaban a su favor.
El juez Hellerstein programó la próxima audiencia para el 17 de marzo de 2026. Hasta entonces, Maduro y Flores permanecerán detenidos sin solicitar libertad bajo fianza. El proceso promete ser largo y complejo, con batallas legales sobre la jurisdicción que podrían llegar hasta la Corte Suprema de Estados Unidos. Más allá de la sala del tribunal, el juicio a Maduro determinará el futuro de un país sumido en una crisis política, económica y humanitaria, y redefinirá los límites del poder estadounidense en el hemisferio.








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