La gobernadora Mara Lezama y el director general del IMSS, Zoé Robledo, anunciaron la creación de un Centro de Diagnóstico y Tratamiento Ambulatorio para Quintana Roo. El proyecto promete dotar al estado de infraestructura de alta tecnología —como aceleradores lineales y tomógrafos— para mejorar la atención médica especializada. Este anuncio reconoce, de manera implícita, una falla estructural: la dependencia de servicios en otros estados como Yucatán para tratamientos complejos, una situación que pacientes y familiares denuncian desde hace años.
El centro abordaría déficits críticos. La mención específica a equipos para cáncer de mama y padecimientos gastrointestinales no es casual. Responde a dos de las principales causas de morbilidad en la entidad, según reportes de la Secretaría de Salud estatal. La promesa de “dejar de depender de otros estados” es el núcleo de la esperanza que ofrece este anuncio. Sin embargo, la atención médica especializada no se resuelve solo con máquinas; requiere de un ecosistema completo.
La tecnología es un medio, no un fin: el desafío pendiente del personal
La pregunta que deja abierta el anuncio es sobre la sostenibilidad humana del proyecto. La atención médica especializada de tercer nivel requiere, además de tecnología, médicos especialistas, oncólogos, radiólogos y enfermeras capacitadas, cuya escasez en Quintana Roo es histórica y bien documentada por colegios de profesionales. El anuncio no detalla un plan concurrente para la formación, contratación y retención de este talento humano dentro del estado.
El contexto es clave. Este anuncio llega después de administraciones que han sido señaladas por la precariedad en hospitales generales y la saturación de unidades de primer contacto. Si bien el proyecto es ambicioso y necesario, su éxito dependerá de factores no anunciados: un cronograma claro de construcción, una inversión desglosada y una estrategia integral de recursos humanos. La ciudadanía ha sido testigo de anuncios de obra pública que se dilatan; por eso, la credibilidad se medirá en avances tangibles y velocidad de ejecución.
Para los derechohabientes, el verdadero cambio se medirá el día en que un diagnóstico complejo no conlleve la odisea logística y económica de un traslado a Mérida. Este centro podría ser un punto de inflexión, pero es solo una pieza en un rompecabezas mucho más grande: la construcción de un sistema de salud robusto, previsible y con cobertura real para todos los quintanarroenses. La vigilancia ciudadana sobre los plazos y el presupuesto de esta obra será fundamental.







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