El Día de Todos los Santos es una celebración intrínsecamente ligada a la religión católica. Para la Iglesia Católica, el 1 de noviembre es una fecha especial dedicada a honrar a todas las almas que han alcanzado el cielo y a las figuras santas reconocidas en el canon. Esta festividad tiene como propósito rendir homenaje a aquellos que han alcanzado la santidad, como lo explica Catholic Online. ¿Por qué
En México, el Día de Todos los Santos coincide con el Día de Muertos, particularmente con la conmemoración de los bebés y niños fallecidos. Para comprender la relación entre estas dos tradiciones, es necesario adentrarse en la historia de la celebración del Día de Muertos.

La celebración del Día de Muertos tiene raíces que se remontan a siglos atrás. En la época prehispánica de México, el culto a la muerte ocupaba un lugar fundamental en la cultura de varios pueblos originarios, incluyendo los mexicas, mixtecas, texcocanos, zapotecas, tlaxcaltecas y totonacas, entre otros.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia, en un artículo firmado por el arqueólogo Víctor Joel Santos Ramírez, señala que en la cultura mexica existían al menos cuatro celebraciones funerarias, que se llevaban a cabo entre agosto y el solsticio de invierno. Una de ellas, llamada Tititl, implicaba la creación de una imagen que representaba al difunto, colocada sobre un petate y hecha de ocote y diversos adornos.

Con la llegada de los españoles, algunos elementos de estas ceremonias fueron preservados, pero se adaptaron para encajar con la tradición católica de celebrar el Día de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos el 1 y 2 de noviembre, respectivamente. Durante estas fechas, la festividad de Todos los Santos está dedicada a los bebés y niños fallecidos, mientras que la de los Fieles Difuntos está destinada a honrar a los adultos en general.
Se cree que durante este período, las almas de los mencionados seres regresan para visitar a sus familiares desde el más allá. Para hacer su «estadía» más confortable, se erigen altares donde se colocan ofrendas que incluyen elementos como la flor de cempasúchil, sal, agua, velas, papel picado y, por supuesto, la comida favorita de los difuntos en vida.

El Día de Muertos tiene un significado profundo. Su propósito principal es recordar a los seres queridos que han fallecido y ofrecerles alimentos para que puedan nutrirse de su esencia, según lo explica el Gobierno de México. Además, según la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), existe la creencia de que un difunto puede traer prosperidad o desdicha a la familia, dependiendo de si los ritos se cumplen de manera satisfactoria o no.
Más allá de su dimensión espiritual, el Día de Muertos representa una visión en la que la muerte no implica una ausencia, sino una presencia viva; la muerte es un símbolo de la vida que se materializa en el altar ofrecido, tal como lo explica el Gobierno de México.







