7 de enero de 2020: el primer aviso del coronavirus en Wuhan
El mundo no lo sabía, pero el 7 de enero de 2020 comenzó a escribirse uno de los capítulos más determinantes de la historia reciente. Ese día, las autoridades sanitarias de China confirmaron que un grupo de casos de neumonía inusual detectados en Wuhan tenía un origen común: un nuevo tipo de coronavirus que hasta entonces no había sido identificado.
La noticia no generó alarma global inmediata. En ese momento, el brote parecía lejano, contenido y estrictamente local. Los reportes iniciales hablaban de decenas de pacientes vinculados a un mercado de mariscos y animales vivos, lo que llevó a los especialistas a pensar en una transmisión de origen animal, sin señales claras de contagio entre personas.

La información fue notificada a la Organización Mundial de la Salud (OMS) durante los primeros días de enero. El organismo activó sus protocolos de vigilancia, pero el riesgo internacional fue considerado bajo. La experiencia con epidemias anteriores, como el SARS en 2003 o el MERS, influyó en la percepción de que el brote podía controlarse sin mayores consecuencias fuera de Asia.
En esos primeros días, incluso agencias como el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) señalaban que no existían pruebas concluyentes de transmisión eficiente entre humanos ni de contagios sin síntomas. La posibilidad de una expansión silenciosa todavía no formaba parte del escenario principal.
Todo comenzó a cambiar a finales de enero. Los casos empezaron a aparecer en otros países y las preguntas superaron rápidamente a las respuestas. Lo que parecía un episodio sanitario más se transformó en una amenaza global. El 11 de marzo de 2020, la OMS reconoció oficialmente lo inevitable: el COVID-19 ya era una pandemia.
Un virus del que se sabía muy poco
Cuando el mundo empezó a prestar atención, el conocimiento científico era limitado. No se tenía claridad sobre el verdadero nivel de contagio, el periodo exacto de incubación ni el papel de las personas asintomáticas. Tampoco estaba confirmada la transmisión sostenida entre humanos, un factor que terminaría siendo decisivo.
El error no fue la falta de datos
Con el paso del tiempo, la pregunta dejó de ser qué ocurrió y pasó a ser por qué no se actuó antes. La información existía, aunque era incompleta. El principal fallo fue la subestimación del riesgo y la confianza excesiva en que el brote seguiría un patrón conocido.
Muchos gobiernos retrasaron decisiones clave. Se postergaron restricciones de movilidad, cierres fronterizos y planes de preparación hospitalaria. En varios casos, el temor al impacto económico y social pesó más que la prevención sanitaria.
Cinco años después
Hoy, cinco años más tarde, el 7 de enero de 2020 es visto como el primer aviso claro de una crisis que cambiaría la vida cotidiana en todo el planeta. La pandemia dejó millones de víctimas, sistemas de salud al límite y una lección que sigue vigente: detectar un riesgo no es suficiente si la respuesta llega tarde.
Fuente: OMS, Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC)






