El planeta Marte no es el mundo interiormente uniforme que durante décadas se ilustró en los libros de texto. Un estudio reciente demuestra que, lejos de ser un planeta de capas lisas y estratificadas —corteza, manto y núcleo—, sus entrañas guardan fragmentos irregulares de roca que narran su formación turbulenta.
La investigación, publicada en la revista Science y liderada por el Imperial College de Londres, revela que el manto marciano conserva trozos de hasta 4 kilómetros de ancho que datan de los primeros momentos del planeta, hace unos 4.500 millones de años. Estos restos geológicos se formaron a raíz de colisiones colosales con objetos del tamaño de planetas, impactos que liberaron tal cantidad de energía que fundieron grandes regiones del joven Marte en vastos océanos de magma.
A medida que ese magma se enfrió y cristalizó, dejó tras de sí materiales de distinta composición. Según Constantinos Charalambous, autor principal del estudio, lo que se detecta hoy en el interior profundo de Marte son precisamente estos fragmentos primitivos, atrapados en un manto que, a diferencia del terrestre, apenas se ha agitado desde entonces.
La misión InSight de la NASA, que durante cuatro años estudió la actividad sísmica marciana, fue clave para este descubrimiento. Sus sensores registraron ondas generadas por ocho sismos notables, dos de ellos originados tras impactos de meteoritos que dejaron cráteres de 150 metros en la superficie. El análisis mostró que las ondas sísmicas se ralentizaban al atravesar zonas irregulares, prueba de la existencia de bloques de roca de distinto tamaño y composición en el interior.
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Los científicos señalan que esta distribución responde a un patrón fractal, similar al que se observa cuando un vidrio se rompe: unos pocos fragmentos grandes acompañados de una multitud de piezas más pequeñas. Lo sorprendente es que, después de miles de millones de años, estas huellas sigan presentes, lo que confirma la lentitud de la evolución interna del planeta rojo.
Este hallazgo no solo cambia la visión que se tenía del interior marciano, sino que también abre nuevas preguntas sobre la historia temprana de Venus, Mercurio y otros planetas rocosos, cuya evolución pudo estar marcada por impactos igualmente devastadores.
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