Viacrucis Cancún: María Coral interpreta a la Virgen desde hace 7 años
En el corazón de Cancún, donde el bullicio de la ciudad contrasta con el recogimiento de la fe, hay una mujer que cada año transforma su cuerpo y su alma para convertirse en un símbolo de dolor y esperanza. Ella es María Coral Montalvo, y desde hace siete años da vida a la Virgen María en el Viacrucis de Cancún.
No es teatro. No es actuación. Es, como ella misma lo define, una “expresión profunda de fe, sacrificio y evangelización”.
De San Luis Potosí a la Riviera Maya
María Coral llegó a Quintana Roo en 2013, proveniente de Villa de Arriaga, San Luis Potosí. Su llegada fue por motivos laborales, dedicándose a la distribución de material médico. Pero fue en la iglesia donde encontró una forma distinta de servicio, una que con el tiempo se convertiría en una misión personal.
Su historia dentro del Viacrucis comenzó un año después, en 2014. Tras una misa, miembros del grupo de evangelización creativa invitaron a los asistentes a participar. Fue su hijo, entonces de apenas tres años, quien mostró interés. Ella dudó por la edad del pequeño, pero descubrió que la convocatoria era abierta para todas las edades. Así comenzó todo.
El llamado a ser María
Durante tres años participó como parte del pueblo, hasta que recibió la invitación para interpretar a la Virgen María. Era 2017 y desde entonces no ha soltado ese papel que, asegura, le ha transformado la vida.
“Desde que inicia la Cuaresma empiezo a vivirlo con meditaciones. Cuando llega el momento de la representación, no veo a la persona que interpreta a Jesús, veo a Jesús mismo, con los ojos del alma”, comparte con la voz entrecortada.
Para ella, uno de los momentos más impactantes es la crucifixión. La intensidad emocional que experimenta le permite reflexionar sobre el dolor de la Virgen María, llevándola a una conexión espiritual que, asegura, ninguna madre podría soportar en la vida real.
Fe heredada y transmitida
La fe ha sido parte fundamental de su vida desde la infancia, inculcada por su abuela paterna, quien la acercó a la práctica católica. Hoy, a sus 46 años, continúa transmitiendo esos valores a su familia. Su hijo, aquel niño de tres años que la motivó a acercarse al Viacrucis, hoy también participa activamente. Este año, interpretará al apóstol San Juan, acompañando a su madre en escena.
“Como decía el Papa Francisco: seamos santos donde estemos, no importa si somos amas de casa o trabajadoras, nuestra misión es buscar la santidad desde nuestra vida diaria. Si Jesús dio la vida por nosotros, ¿qué cuesta hacer un pequeño sacrificio?”, expresa con una serenidad que solo la convicción puede dar.

Más que una representación
Para María Coral, el Viacrucis no termina cuando baja del escenario. Es un apostolado que se extiende a la comunidad, especialmente a quienes se han alejado de la iglesia.
“No se trata de hacer teatro bonito. Se trata de que quien nos vea, sienta algo en el corazón. Que se pregunte: ¿y yo, ¿qué estoy haciendo con mi vida? ¿Estoy siendo buena persona, buena madre, buen ciudadano? Eso es lo que importa”, reflexiona.
Con cada paso que da en la representación de la Pasión de Cristo, María Coral no solo revive el dolor de una madre que ve sufrir a su hijo, sino que siembra una semilla de fe en quienes presencian esta tradición centenaria. Reafirma el propósito de su apostolado: acercar a más personas a un mensaje de amor, esperanza y espiritualidad.
Este Viernes Santo, no la busques en el público
Este Viernes Santo, mientras miles de cancunenses se reúnan para presenciar el Viacrucis en las calles de la ciudad, María Coral estará en el centro de la escena. No como una actriz, sino como un canal de fe. Su rostro será el de una madre que sufre, pero también el de una mujer que encontró en su entrega la forma más hermosa de evangelizar.








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