El público llegó temprano al Teatro de la Ciudad de Playa del Carmen. No sabía lo que le esperaba. Pero desde la primera nota, quedó claro: esta no sería una noche más.
El pasado viernes 9 de mayo, Magnolias, el Grupo Vocal Femenino que el Congreso de Quintana Roo ha reconocido oficialmente como “La joya de Cancún”, ofreció un concierto que quedará grabado en la memoria de los cientos de asistentes que asistieron al recinto.
Más de sesenta mujeres en el escenario, dirigidas por Edgar G. Salzmann. Pero no fue un concierto cualquiera. Fue una celebración de la música, de la amistad y de la maternidad, a un día de que se conmemorara el 10 de mayo “Día de las madres”. Pero, sobre todo, fue la noche en la que un director demostró ser el fan más entregado de su propia creación.
El repertorio que hizo vibrar el corazón: Un viaje por los 80 y 90
El viaje musical comenzó con fuerza. La noche arrancó con un popurrí de Flans, que las más de 60 voces de Magnolias hicieron sonar con una energía que contagiaba. Las sonrisas y los recuerdos de la juventud llegaron rápidamente.

Pero el repertorio fue creciendo en intensidad y emoción. Las voces femeninas exploraron los grandes clásicos de Pandora, de Alejandra Guzmán, de El Tri, de Gloria Estefan, de Mecano, y cerraron esa sección con un vibrante popurrí de Timbiriche. El público, de todas las edades, coreó cada una de las canciones. No solo escuchaban, revivían. El Teatro de la Ciudad se convirtió en una máquina del tiempo, una cápsula musical que transportaba a todos a las décadas que marcaron sus vidas.
“Las mañanitas”: El regalo que hizo llorar a las madres
Pero si hubo un momento que paralizó el tiempo, fue el regalo especial con el que Magnolias sorprendió a todas las madres presentes. En un despliegue de armonía impresionante, el grupo vocal femenino interpretó “Las mañanitas” a tres voces. La canción más tradicional de México resonó con una pureza y una emotividad que hizo que muchas de las mujeres en el público no pudieran contener las lágrimas. Fueron aplausos. Fueron abrazos. Fue el reconocimiento más hermoso que una madre podía recibir en la víspera de su día. El público, ovacionó el gesto y la interpretación magnífica.
Edgar Salzmann: El mago que dirige con el alma
El director de Magnolias, Edgar G. Salzmann, se mantuvo en su podio durante toda la noche. Pero no dirigía como un autómata. Dirigía con la cadera, con la cabeza, con una sonrisa que no se borró ni por un segundo. Se le veía sumamente feliz, interactuando con cada una de sus cantantes. Entre canción y canción, compartía miradas cómplices, movía la cabeza al ritmo y celebraba con ellas cada nota bien afinada.
Fue testigo de la calidad humana que él mismo ha sembrado. Salzmann, que ha dicho en entrevistas que Magnolias nació para “crear artistas devolviendo a cada mujer la certeza de que su voz merecía ser escuchada“, disfrutaba como el espectador más afortunado del mundo. Edgar Salzmann era, esa noche, el fan número uno de su creación. Y esa conexión tan humana y tan sincera hizo erizar la piel y corear a cada uno de los espectadores.

El público: una ovación que no quería terminar
El concierto terminó con el público visiblemente emocionado y ovacionando a las más de sesenta mujeres que se atrevieron a crear comunidad a través de la música. Vencieron el miedo y la inseguridad para construir una “tribu que canta” y que se ha ganado el cariño y el reconocimiento del estado entero.

Y entre el público, un asistente que viajó desde Cancún para vivir la experiencia, lo resumió con palabras que se volvieron el mejor manifiesto de lo que ocurrió esa noche:
Vi a un grupo de mujeres que no cantan por aplausos. Cantan porque algo adentro de ellas necesitan expresar lo que las palabras solas no pueden decir. Y eso — eso es un regalo de Dios que pocas personas se atreven a usar con tanta valentía.
Gracias por compartirlo. Gracias por no guardarlo solo para ustedes.
“Todo don perfecto viene de lo alto.” — Santiago
El sentimiento fue unánime. Personas que viajaron desde la Ciudad de México felicitaron a las integrantes de Magnolias, pidieron sus redes sociales para seguirlas y confesaron que el concierto se les hizo muy corto. “Deben cantar más canciones”, dijeron. Otros asistentes, al salir del Teatro de la Ciudad, lo definieron como “algo de otro mundo”, un concierto que “te reinicia desde el alma y te hace sonreír por la magia que se crea al escuchar a Magnolias”, destacando además la interacción única entre el director Edgar Salzmann y cada una de las cantantes.
“La joya de Cancún” sigue brillando
El grupo vocal femenino cierra así un capítulo de su historia en Playa del Carmen y se prepara para nuevos y grandes desafíos, como el Festival Internacional de Coros Coralcun que se celebrará en Cancún el próximo septiembre.

Porque Magnolias no es solo un coro. Es una tribu que canta. Y cada vez que abre el círculo, lo hace para que más mujeres encuentren su voz. La noche del 9 de mayo, Playa del Carmen fue testigo de que la música, cuando se canta con el alma, no necesita explicación. Solo necesita ser escuchada. Ellos escucharon, aplaudieron, lloraron. Y sonrieron.

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